En 1776, los españoles elevaron el estatus de esta región de gobernación a virreinato, al establecer el Virreinato del Río de la Plata. Este virreinato abarcó lo que hoy es Argentina, Uruguay y Paraguay, así como la mayor parte de la actual Bolivia.
Durante esta época Buenos Aires se convirtió en un puerto floreciente, aunque acosado por el contrabando provocado por el monopolio comercial de España. Los españoles se habían hechos ricos con el oro y la plata y también con plantaciones de tabaco, azúcar y/o cacao sembradas y cosechadas por indígenas en condiciones de virtual esclavitud.
España impuso el cristianismo y el castellano. En toda la Hispanoamérica regían las costumbres y modas españolas, aunque las diferentes etnias y culturas que integraron la población colonial también encontraron mecanismos para preservar algunos aspectos de sus patrimonios culturales, linguísticos y religiosos, que muchas veces se fusionaron entre sí para generar nuevas manifestaciones culturales.
España impuso en sus colonias americanas un sistema de castas fundado en el grado de la supuesta "pureza de sangre" que derivaba de una estricta clasificación de las personas por razas e híbridos. Los españoles sostenían que existían tres razas (blanca, india y negra) y diez posibles híbridos (mulato, mestizo, zambo, tercerón, cuatralbo, zambaigo, tresalbo, mulato prieto, zambo prieto y cuarterón). Los híbridos se consideraban "manchados" o de "sangre impura", pero existían diferencias entre ellos ya que, mientras la "sangre india" "manchaba" por tres generaciones, la "sangre negra" "manchaba" para toda la eternidad. En la cima del sistema de castas se encontraban los españoles peninsulares, considerados de "sangre pura" a los que se reconocía la mayor cantidad de privilegios, seguidos de los españoles americanos, conocidos como "criollos", descendientes legítimos de padre y madre españoles, pero con menos derechos que aquellos. En el lugar más bajo de la escala social se encontraban los "negros" ocupando el último lugar aquellos nacidos en África.[3] [4]
De todos modos, en la práctica se produjo una progresiva mixogénesis que rompió con las convenciones establecidas. De esta mixogénesis, y en teniendo como una de sus bases económicas la ganadería extensiva o el acarreo y faena de grandes rebaños, surgieron los mancebos de la tierra ya en el siglo XVII y luego los gauchos, los cuales tendrían un rol decisivo en la gesta emancipatoria del siglo XIX.
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