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Argentina - Presidentes - Hector J. Campora
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Hector J. Campora


El 25 de mayo de 1973, a las 8 de la mañana, Héctor José Cámpora y Vicente Solano Lima, juraron ante la Asamblea Legislativa como presidente y vicepresidente de la Nación. Quien

había sido presidente de la Cámara de Diputados de la Nación en la primera presidencia de Juan Domingo Perón, odontólogo de profesión, y oriundo de la localidad bonaerense de

San Andrés de Giles, llegaba a la primera magistratura como premio a su lealtad política y para algarabía de los sectores más combativos del peronismo, que lo apodarían

familiarmente como "el tío". 

En su discurso Cámpora dijo: "Durante toda mi vida política, no he sido otra cosa más que un modesto soldado de la causa nacional y peronista (...)". El movimiento político

social mayoritario y todas las fuerzas nacionales coinciden en el acuerdo para la reconstrucción nacional expresado en estos cinco puntos:

Afirmación plena de los objetivos de liberación y reconstrucción como fundamento de nuestra participación impostergable en el proceso de integración latinoamericana (...);

Plena vigencia de las garantías y coincidencias suscritas espontáneamente en la Hora del Pueblo, el Frente Cívico de Liberación Nacional y en la Asamblea de la Unidad Nacional;

Acordar una tregua política y social (...);

Compromiso de respetar la Constitución Nacional (...); que nunca más el orden jurídico argentino se vea sometido a hechos de fuerza;

Las Fuerzas Armadas han de contribuir en el proceso de reconstrucción nacional.

 

Este fue en síntesis el mensaje, que duró más de dos horas. En el mismo acto ante la Asamblea Legislativa, entregó el proyecto de Ley de Amnistía. Al día siguiente el Poder

Legislativo, lo aprobó.

Ante el resultado comicial, Ricardo Balbín expresó: "Haber estado al servicio de una causa superior era dejar de lado por negativas las posiciones de la intransigencia radical y

el antiacuerdismo. Siempre creí que la Argentina correría peligro si se dejaba proliferar la subversión, la guerrilla o esta violencia que funciona como una protesta indefinida

(...). Para mí, la marcha por el camino de la pacificación puede llegar al encuentro de la razón política".

Estas palabras anticipaban el abrazo de conciliación que se daría con Perón olvidando viejos agravios y luchas. El "encuentro fraterno" lo obligó a saltar el muro de la casa en

Gaspar Campos, partido de Vicente López, donde vivía el anciano líder, Juan Domingo Perón.

El resultado de las elecciones y la actitud adoptada por "Don Ricardo" produjo su efecto en las líneas internas de la conducción radical. En mayo de 1973, el Movimiento

Renovador, criticando la posición balbinista, amplió su base de poder y se convirtió en el Movimiento de Renovación y Cambio, haciendo público un documento sumamente crítico.

Raúl Ricardo Alfonsín, que formaba parte de este movimiento, alcanzó un cargo en el Comité Nacional, por la minoría. Había logrado 27.000 votos con el apoyo de la Juventud

Radical, mientras que Balbín logró la mayoría con 42.000 votos. A fines de 1974, a pesar del triunfo del balbinismo en las elecciones internas, en siete distritos nacionales la

división interna del radicalismo se había profundizado. Nuevos sectores del radicalismo cordobés, liderados por Conrado Storani, se adhirieron a la crítica de Renovación y

Cambio conducida desde Chascomús por Alfonsín, quien consideraba que era hora de que el país implementara una reforma agraria, una reforma universitaria, promoviera la

democratización del sindicalismo y arribara a una democracia social.

La relación de fuerzas se acentuó a medida que el gobierno justicialista se debilitaba con contradicciones y el vacío de poder pronosticaba la posibilidad de un golpe militar.

El festejo del fin de 17 años de ostracismo político sólo duraría algo menos de 60 días. El 13 de julio, Cámpora y Solano Lima renunciarían. La fórmula del FREJULI había llegado

al gobierno, pero el poder político había sido retenido por Perón y "Cámpora era mejor representante de Perón que cualquier otro, pero no era Perón".

Esta realidad llegó a su punto más significativo con la llegada del viejo caudillo el 20 de junio de 1973 cuando la multitud de más de 2 millones de personas que fue a darle la

bienvenida en el Aeropuerto de Ezeiza, en el reencuentro con su líder, se encontró envuelta en un intenso tiroteo frente al palco dispuesto para que Perón le dirigiera la

palabra. Dos grupos antagónicos dentro del Movimiento justicialista quisieron hacerse dueños del homenaje. Uno de ellos, a las órdenes del ministro de Bienestar Social, José

López Rega, bloqueó con armas de fuego de todo tipo las columnas de los Montoneros. El otro grupo, también muy bien armado forzaba su peso para llegar al centro, donde se

descontaba la presencia del ex presidente. El enfrentamiento alcanzó cifras de muertos y heridos desconocidas en nuestro país.

Dado lo que ocurría, en el avión que conducía a Perón y sus acompañantes se decidió cambiar de rumbo y aterrizar en la Base Aérea de Morón, donde lo esperaban el vicepresidente

Solano Lima, el Jefe de la Base Aérea, ministros del gobierno de Cámpora, y los tres comandantes en jefe: el teniente general Jorge Raúl Calcagno, el almirante Carlos Álvarez

Rivero y el brigadier general Héctor Luis Fautario.

Los efectos de las primeras medidas del presidente Cámpora, aprobadas tumultuosamente en el Congreso Nacional, como la ley de amnistía, permitieron salir de las cárceles a

presos políticos, a terroristas, y hasta narcotraficantes. Perón fue restituido en su grado de teniente general.

En el neocamporismo se confundían hombres de la guerrilla o comprometidos con ella, de la subversión de izquierda y de una nueva concepción del peronismo.

El jefe del Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP) -uno de los mayores grupos y el mejor organizado-, Mario Roberto Santucho, convocó a una conferencia de prensa difundida por

dos canales de televisión, acusando a los culpables de lo que había ocurrido en Ezeiza, en particular a José López Rega y al teniente coronel José Manuel Osinde.

Las críticas de Perón, ya en Buenos Aires, y de López Rega, fueron también muy duras contra esa juventud a la que llamaron "terrorista" y "guerrillera". La política de

divisiones y más divisiones creada durante tantos años desde Madrid apoyando al mismo tiempo a grupos de derecha e izquierda tenía, ahora, consecuencias catastróficas. La suerte

del presidente Cámpora entró en el ocaso y comenzó la cuenta regresiva. Sus horas de gobierno se agotaban. López Rega -léase Perón- en reunión de gabinete, llenó de reproches al

presidente por su conducción; el cúmulo de cargos aconsejaba la necesidad de su renuncia. El ministro del Interior, Esteban Righi, también resultaría objeto de duras críticas,

como consecuencia de su vinculación con sectores alineados a la tendencia de izquierda.

Perón se entrevistó con Balbín, con José Ignacio Rucci, secretario de la Confederación General del Trabajo (CGT) y con el jefe del Ejército, general Calcagno. Cámpora, el 13 de

julio, renunciaba junto a Solano Lima. Las Cámaras de Senadores y Diputados con 53 y 183 miembros respectivamente, aceptaron las renuncias. ¿Renuncia, destitución o golpe

institucional? Un hecho sin antecedentes en el país.


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