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Argentina - Presidentes - Luis Saenz Peña
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Luis Saenz Peña


El presidente elegido tenía ya setenta años cuando comenzó a ejercer la primer magistratura. En el siglo XIX, a esa edad se era francamente anciano. Contrastaba Luis Sáenz Peña con la juventud de sus predecesores, salvo por "viejo Sarmiento", que ocupó el cargo a los 57 años. Bartolomé Mitre y Miguel Juárez Celman sólo contaban con cuarenta años y Nicolás Avellaneda y Julio A. Roca recién habían superado los 37.

Esta diferencia generacional tuvo sus implicancias. El haber nacido en 1822 en Buenos Aires, convierte a Sáenz Peña, con 20 años, en la década del 40, en rosista. Después de Caseros no renegó de su rosismo, sostuvo posiciones "federales" en la Convención de 1860 como convencional en la revisión de la Constitución del 53. Se las aceptaron para facilitar de inmediato la incorporación de la provincia de Buenos Aires a la nación. Este acto significaba aprobar la federalización de la provincia con sus rentas aduaneras y reconocer, en el Congreso Nacional, la facultad de revisar las constituciones provinciales. Luis Sáenz Peña, en la Convención constituyente porteña de 1870, afirmó su posición democrática proponiendo lo que más tarde lograría su hijo Roque como presidente, el voto universal y secreto.

Federal, democrático, católico ferviente, fue, pese a su avanzada edad, uno de los iniciadores del movimiento de la Unión Cívica en 1889. El Comité Nacional de la Unión Cívica Radical lo postuló como candidato a presidente a fines de 1891. No aceptó la distinción y sí, en cambio, encabezar la fórmula adversaria, que sería la vencedora.

Radicado en Buenos Aires, con un padre abogado de prestigio en el foro porteño en la época de Rosas, estudió medicina y abogacía en la Universidad de Buenos Aires, graduándose de doctor en leyes en 1843 a los 21 años. Formado en el austero Buenos Aires de la primera mitad del siglo XIX, influido por un populismo primitivo, imaginó la estructura de una democracia orgánica sin personalismos absorbentes y con activa participación popular. era antipresidencialista y celoso custodio de la soberanía en la política y la economía nacional. Hubiese sido un buen candidato para los radicales pero, o no creyó en la posibilidad del triunfo, o temió que de ser candidato exitoso el panorama política se enturbiaría en luchas sangrientas. Entonces, escuchó la invitación de Pellegrini y de Roca ungiéndolo candidato oficial y aceptó la oportunidad para llegar a la presidencia con la clara idea de forzar el cambio "desde arriba".

Su maniobra fue tan sutil que pocos la comprendieron y debió batirse solo, sin compañeros de pensamiento; generacionalmente solo, sin coetáneos que lo acompañaran, políticamente aislado. Pellegrini y Roca al verse defraudados con el candidato elegido, lo abandonaron a su suerte como presidente.

Los radicales, al repudiar la fórmula "acuerdista" Luis Sáenz Peña - José Evaristo Uriburu, formaron en el llano cuadros opositores de acción violenta en sus críticas. Comprendieron demasiado tarde el sentido del plan de democratizar el país "desde arriba". Cuando creyeron en Sáenz Peña e intentaron ayudarlo, ya era tarde para apuntalarlo.

Ante esa orfandad intentó llevar adelante su política mediante coaliciones de individuos, no de partidos. Este régimen ministerial, o de gabinete, fue inestable, y los secretarios de Estado se sucedieron en crisis sucesivas.

Tuvo ideas claras, precisas y su carácter fue siempre firme, pero le faltó sentido práctico o le sobraron escrúpulos, lo que no es moneda aconsejable en un plan como el suyo, que exigía astucia maquiavélica. Al verse derrotado, en enero de 1895 dejó la banda y el bastón presidencia para no presidir la perpetuación del régimen.

Uno de sus gabinetes fue tan efímero que después de comenzar las funciones con Miguel Cané en la cartera de Interior, sus ministros se vieron obligados a renunciar a los cinco días de haber asumido, el 2 de julio de 1893, en momentos en que arreciaban ataques del radicalismo y se amenazaba con una nueva revolución.

Roca, Pellegrini y Mitre se entrevistaron con Sáenz Peña, le negaron el apoyo de sus sectores, y le aconsejaron morigerar a los radicales. El presidente llamó a Aristóbulo del Valle al ministerio y convocó a los radicales para pedirles su colaboración, haciéndoles partícipes de seguir con la "revolución desde arriba", desoyendo el consejo de los tres presidentes que lo visitaron. El Partido Radical, en su posición intransigente, se negó a colaborar.

La intransigencia era, en su superficie, una norma política, pero respondía a la firme posición expresada por su líder, Leandro N. Alem: "El federalismo radical encarna en gran medida la exigencia de expresión regional del control del proceso total y tiene como plataforma un partido estructurado en escala nacional que puede identificárselo así como vertiente nacional". "La intransigencia llevaría al triunfo las aspiraciones de la masa popular y estas exigencias no podía satisfacerse sino con el triunfo total."

"Su causa, -diría Hipólito Yrigoyen- es la de la nación misma, y su representación, la del poder público. Así será juzgada y así pasará a la historia como fundamento cardinal y resumen entero de la heroica resistencia que el pueblo argentino hiciera a las más odiosas de las imposiciones".

Principios morales en política reñidos con la práctica y los manejos que se ejercían en esa época.

Aristóbulo del Valle se reservó la cartera de Guerra y Marina dispuesto a moralizar la administración y garantizar la libertad de sufragio. "Es la hora de la reparación" -dijo.

La buena fe del gobierno fue puesta a prueba en la propia Capital Federal, en las elecciones del 23 de julio de 1893. En ellas resultó vencedor el candidato a senador Leandro N. Alem. bernardo de Irigoyen y Alem, después del triunfo aplastante, creyeron que había llegado el momento de realizar "la revolución desde arriba" y le propusieron a Del Valle que asumiera la primera magistratura con el auxilio de las Fuerzas Armadas y el apoyo político de la Unión Cívica Radical. El ministro Aristóbulo del Valle rechazó el plan contestándoles: "no doy un golpe de Estado porque soy un hombre de Estado".

Del Valle había auspiciado un largo proceso de desórdenes en las provincias para intervenirlas y llamar, luego, a elecciones libres. En San Luis, los radicales conducidos por Teófilo Saá, toman el gobierno el 29 de julio haciendo prisionero al gobernador roquista Jacinto Videla. El 30 le toca a Santa Fe, donde otro gobernador roquista, Juan Cafferata, es reemplazado por una junta presidida por Mariano Candioti con Lisandro de la Torre como ministro de Gobierno. El 30 de julio, los radicales conducidos por Hipólito Yrigoyen se sublevaron en la provincia de Buenos Aires. Del Valle se apersona a La Plata y desarmando a los grupos de ambos bandos de combatientes convoca a una asamblea en Lomas de Zamora, mientras nombra gobernador interino a Juan Carlos Belgrano.

Carlos Pellegrini baja de Salta para terminar con la política de Del Valle. se reúne con Sáenz Peña y lo convence de intervenir la provincia de Buenos Aires nombrando a Carlos Tejedor. La medida es deplorable, el objetivo era mostrar a los revolucionarios el poder del "régimen".

Cae el gabinete de Del Valle por errores no justificados en la conducción del movimiento revolucionario. El 12 de agosto de 1893 Sáenz Peña designa un nuevo gabinete, con Manuel Quintana en la cartera de Interior. Se declara el estado de sitio, las provincias rebeldes son intervenidas y concluyen los breves gobiernos radicales.

Los radicales resuelven lanzarse a la calle en apoyo de la revolución. En septiembre de 1893 estalla una sublevación en Tucumán, coincidente con movimientos en Santa Fe y Rosario. En esta última ciudad Alem es proclamado Presidente de la República. Pellegrini reprime en Tucumán y Julio A. Roca, nombrado comandante en jefe de las fuerzas de represión, avanza sobre Rosario y la toma el 2 de octubre de 1893. Alem y otros civiles son detenidos y confinados. A los jefes militares comprometidos se los sentencia a pena de muerte. Sáenz Peña la convierte en reclusión.

Carlos Pellegrini funda el Partido Conservador. La oposición ha sido desmantelada en todo el país por las fuerzas represoras. El Congreso Nacional, dominado por "acuerdistas", desconoce la autoridad del Presidente, quien, sin apoyo alguno, renuncia el 22 de enero de 1895. La Asamblea Legislativa acepta la decisión con sólo un voto en contra, el del diputado salteño Indalecio Gómez, quien 20 años después sería ministro de Roque Sáenz Peña y su mano derecha en la reforma electoral.

En política económica y financiera los arreglos con la banca inglesa fueron aleccionadores por la firmeza de la posición argentina, que permitió la capitalización del ahorro interno y un programa financiero para salir del atolladero periódico de contraer nuevos créditos para saldar intereses con el exterior, es decir "pagar deudas con nuevas y mayores deudas". Además se confeccionó un plan para incrementar la capacidad productiva del país y el trabajo del inmigrante en el campo y en la industria.

En este breve período presidencial se disminuyó el déficit fiscal, si bien más por el aumento de la recaudación que por la disminución de los gastos, y por una balanza de pagos favorable, siempre estimulada por el acrecentamiento de las exportaciones agropecuarias; se aumentó sensiblemente la superficie destinada al maíz, el trigo y el lino.

En política internacional no se adelantó en las cuestiones de límites ni con Brasil ni con Chile.

 

HECHOS NOTABLES

Buenos Aires cambia día a día: el adoquinado reemplaza a la tierra y el empedrado, se anuncian las capas asfálticas; herraduras y llantas de hierro chirrían y chisporrotean alterando los nervios del vecindario. Un monstruo a caldera conducido por Dalmiro Varela Castex comienza a circular por las calles porteñas asustando, asombrando y ensordeciendo a los peatones; se trata de un Benz, primer automóvil que conoció la Argentina. El travía a "trolley" (eléctricamente) marca su itinerario entre Plaza de Mayo y Liniers.

La bicicleta, "sin ensordecer, silenciosamente", como transporte individual gana adeptos en perfuicio del caballo. Se funda el Club del Ciclismo.

La crónica policial conmueva las primeras páginas de los periódicos por el primer crimen a la moderna, con pretensiones de absoluta impunidad, de verdadera perfección; no sólo llegan de Europa la cultura y la inmigración, la víctima y el victimario son franceses. Las noticias periodísticas entre el 24 de abril y el 16 de mayo de 1894, anunciaron la aparición de un cuerpo decapitado y sin extremidades en el mismo centro de la ciudad. Los médicos policiales afirmaron que los trozos encontrados pertenecían al mismo cuerpo. Dos renombrados artistas, Correa Morales y Ensen, escultor uno y pinto r el otro, con mascarilla de yeso y pintura al óleo, en cada caso, reconstruyen a la víctima y facilitan el reconocimiento. Así se establece, sin la menor duda, que el muerto es Francisco Farbós, de Burdeos, que viajaba periódicamente a Buenos Aries a recibir de su socio Raúl Tremblie monedas de cobre que vendía en Francia con excelentes beneficios. Trembliè ha abandonado el país, embarcándose rumbo a Francia; se allana su domicilio, donde aparecen pruebas irrefutables del asesinato con la evidencia de que el prófugo no quiso dividir utilidades. Se pide por telégrafo su extradición. A la llegada al puerto de Dunquerque, la policía francesa lo detiene y descubre en su equipaje ropa, anillos y hasta dientes de oro del difunto Francisco Farbós. La justicia francesa sentencia al asesino a muerte negando la extradición. El gobierno argentino exige, de acuerdo con el Derecho Internacional Privado, que se aplique la ley del lugar donde se cometió el delito. Trembliè salva la vida, pero morirá en prisión, veinte años después.

El 8 de julio de 1894 se inaugura la Avenida de Mayo.

En Córdoba, los constructores del dique San Roque, Bialet Massé y Cassafousth permanecen trece meses en la cárcel. El primero, médico, abogado e ingeniero, asuma su propia defensa y la de su socio. A ambos se les habían embargado los bienes en garantía del resultado del proceso, caratulado: "Dique San Roque". Bialet Massé luchó contra la calumnia, las intrigas provinciales y las del gobierno nacional, logrando al fin la absolución. Cassafousth quedó demolido espiritualmente, perdiendo dos hijos, durante el tiempo en que estuvo recluido. Los títulos de sus propiedades, hurtados en el expediente, no pudo recuperarlos nunca más y murió poco después.

El hundimiento de "La Rosales" sigue en juicio y las pruebas sobre la culpabilidad del capitán Funes parecen confirmadas en casi 500 páginas del sumario.


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