Hacia fines de 1980, comienza a debatirse en el seno de las Fuerzas Armadas, la sucesión del entonces presidente Jorge Rafael Videla. A pesar de las diferencias de criterio que
se presentan -fundamentalmente en la Armada, parte del Ejército, y desde el entorno del ministro de Economía José Alfredo Martínez de Hoz- finalmente es designado por la Junta
Militar el general Roberto Viola, quien asume el cargo el 29 de marzo de 1981. En su gabinete designa como Canciller a Oscar Camilión y a Lorenzo Sigaut como su ministro de
Economía. No obstante haberse impuesto a las mencionadas diferencias, y haber logrado su designación, Viola estaría jaqueado durante su ciclo de nueve meses por serios
condicionamientos políticos, como es el caso de lo que se desprende de las "Pautas para la acción de gobierno" formuladas por la Junta Militar.
Los primeros anuncios se orientaron a informar acerca de cambios sustanciales en la política económica, planteando una modificación del curso básicamente en lo macroeconómico.
En lo político, se procedió a establecer una moderada apertura política, con incorporación de civiles en el gobierno y ciertos criterios permisivos en lo que concierne a
posibilidades de asociación, que se materializaron en la designación de civiles en algunas intervenciones municipales, junto a la integración de funcionarios también civiles en
áreas de la administración gubernamental, vinculados a intereses económicos. Tal criterio "aperturista" no demoraría en encontrar en la Junta Militar una pertinaz oposición.
Sin embargo, desde el ministerio del Interior se procedería a incentivar una política de corte dialoguista con las fuerzas políticas y sociales, lo que de por sí no sólo
posibilitaría la liberación de la ex presidente María Estela Martínez de Perón -quien inmediatamente marcha al exilio en España- sino además pondría de manifiesto las profundas
diferencias de criterio, tanto en lo que respecta a la posición de cada partido, como las surgidas entre los propios líderes compañeros de divisa. En este sentido vale la pena
considerar las diferencias entre Ricardo Balbín -quien era partidario de una salida negociada del régimen militar- e Illia y Alfonsín, que condenando el baño de sangre en el que
la Argentina se hallaba inmersa rechazaban de plano tal posibilidad.
Se conforma la Multipartidaria con la Unión Cívica Radical (Contín, Tróccoli, Pugliese, Alfonsín), el Partido Justicialista (Bittel, Lorenzo Miguel), el Partido Intransigente
(Alende) y el Movimiento de Integración y Desarrollo (Frondizi, Frigerio). Mientras tanto, y en forma paralela a los contactos oficiales, se producían permanentes negociaciones
subterráneas entre dirigentes partidarios y funcionarios del régimen, vinculadas a la averiguación del paradero de una infinidad de ciudadanos secuestrados por el régimen
militar.
Las diferencias resultantes del diálogo con el gobierno de facto no se circunscribirían a los partidos políticos: el sindicalismo evidenciaría una profunda fisura entre
dialoguistas y combativos; los primeros a través de la CNT, con Jorge Triacca como uno de sus principales exponentes; los segundos, a través del grupo de los 25, que procederían
a reconstituir la clausurada CGT. Por su parte, el almirante Massera, alejado del comando efectivo de la Armada, comienza a preparar el armado político del Movimiento Nacional
para el Cambio, con vistas a articular una expresión partidaria con eje en un esquema de apertura democrática condicionada, y antecedente directo de lo que sería posteriormente
el Partido para la Democracia Social que lo contaría como máximo exponente de un auténtico fiasco electoral.
La política económica implementada por Sigaut no lograría disipar las dudas y los conflictos existentes. Por el contrario, la cuestión se ensombrecería aún más, como
consecuencia del incremento en la caída de la actividad productiva y del carácter extemporáneo de las declaraciones del propio ministro quien alcanzaría triste celebridad a
partir de la expresión "el que apuesta al dólar pierde" y las corridas bancarias resultantes.
Con un dólar oscilante aunque en alza, la llamada "bicicleta financiera" resultaba más atractiva que toda alternativa asociada con la inversión con eje en la producción. El
contexto económico resultaba pavoroso: 90% de inflación anual, recesión profunda, generalización del Impuesto al Valor Agregado, un brusco aumento del endeudamiento externo de
las empresas y el Estado, y un salario real cada vez más depreciado. El Banco Central dispone la liquidación del Banco de Intercambio Regional (B.I.R.), entidad que hasta ese
momento se jactaba en promocionar su fortaleza financiera a través de sus más de cien sucursales diseminadas por todo el territorio nacional. Dicha medida impactaría de lleno en
sus más de 350.000 ahorristas, con depósitos aproximados del orden de los mil millones de dólares. También serían intervenidos los bancos Los Andes, Internacional y Oddone y las
empresas Sasetru, Greco y Oddone.
En lo concerniente a la educación, la cuestión distaba de ser mejor. La "Ley" Universitaria deroga la autonomía, estableciéndose cupos y aranceles y cerrándose ámbitos
académicos de enseñanza como la Universidad de Luján.
El 9 de septiembre de 1981 fallecía el líder de la Unión Cívica Radical, Ricardo Balbín, quien pese a no haber logrado alcanzar la presidencia de la República, fue uno de los
máximos líderes argentinos de la segunda mitad del siglo XX.
Durante noviembre de ese año, se renovarían los miembros de la Junta Militar, la cual quedaría conformada por el Teniente General Leopoldo Fortunato Galtieri, el Almirante Jorge
Anaya y el Brigadier General Basilio Lami Dozo. Tales cambios representarían una mayor ofensiva contra el gobierno de Viola, quien finalmente, a finales de diciembre de 1981
sería obligado a dimitir con el pretexto de una grave enfermedad. Su reemplazante sería el Comandante del Ejército, Galtieri.