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Argentina - Presidentes - Roque Saenz Peña
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Roque Saenz Peña


Fue el último candidato victorioso de las fuerzas conservadoras argentinas en el período anterior a la sanción de la ley que lleva su nombre.

Roque Sáenz Peña nació en Buenos Aires en 1851, en el hogar de los Sáenz Peña-Lahitte; sus dos abuelos, Roque y Eduardo Lahitte, fueron legisladores rosistas y continuaron

siendo federales después de Caseros. Como su padre Luis, Roque fue una excepción entre los porteños de su círculo cuando en 1874 no cerró filas en torno de Mitre, sino que

acudió a la línea de fuego con los autonomistas, obteniendo con la victoria el grado de comandante de Guardias Nacionales. Miembro del partido vencedor, fue diputado en la

legislatura porteña, dejando su banca en 1878, en franca oposición con la conciliación y no ocupando cargo alguno en las administraciones de Avellaneda y Roca.

En pésima situación económica, liquidó sus bienes en 1889 y, románticamente, se incorporó a las fuerzas peruanas en la guerra contra Chile. Demostró un desmedido valor personal

y pericia en el mando. Prisionero de dicha guerra, una gestión diplomática argentina obtuvo su liberación sin condiciones. De regreso al país, se dedicó a su profesión y a la

cría de ganado. El gobierno de Juárez Celman lo nombró embajador en el Uruguay participando en el Congreso Internacional Privado, en Montevideo. Luego, junto a Manuel Quintana

representó a nuestro país, con gran éxito, en la Conferencia Panamericana de Washington. Allí acuñó su célebre frase: "América para la humanidad" y otros pensamientos menos

difundidos como: "La felicidad de los Estados Unidos es la institución más onerosa que pesa sobre el mundo". Denunció en términos claros la audacia dominadora del gran país del

Norte y sus peligrosas pretensiones sobre la soberanía y la independencia económica de Latinoamérica, y se manifestó abiertamente contrario a la intervención norteamericana en

Cuba, cuando la opinión antihispana predominaba en su medio, opinando lo contrario.

Perdió su fortuna en el tapete y en la Bolsa, rehaciéndola como abogado. Desde 1895 tuvo su estudio en sociedad con Carlos Pellegrini y Federico Pinedo -"Bon viveur"-, conoció

el mundo y "tuvo mundo".

Declinó la candidatura presidencial frente a la de su padre, dejó su banca de senador en la disyuntiva de tener que atacarlo como presidente o claudicar en sus convicciones. El

gobierno del Perú le otorgó el grado de general.

En la presidencia de Figueroa Alcorta volvió a la diplomacia: Italia, Suiza, la Conferencia de La Haya. En Europa supo de la proclamación de su candidatura y en Río de Janeiro

se enteró del resultado de la elección donde obtuvo, por primera vez en el país, la totalidad de los votos del Colegio Electoral. Al llegar a la capital del Brasil, donde lo

esperaba el ministro de Relaciones Exteriores, Baron de Río Branco, pronunció su célebre frase para alejar dudas: "todo nos une, nada nos separa".

Roque Sáenz Peña asumió la primera magistratura el 12 de octubre de 1910, acompañado por Victorino de la Plaza como vicepresidente. El hecho más destacable de su gestión fue la

Ley General de Elecciones, a la que aplicó todo su esfuerzo y dedicación: el voto pasaba a ser universal, secreto y obligatorio.

Escribía el Presidente ese año: "En este momento decisivo y único vamos jugando el presente y el porvenir de las instituciones hemos llegado a una etapa en que el camino se

bifurca con rumbos definitivos. O habremos de declararnos incapaces de perfeccionar el régimen democrático que radica todo entero en el sufragio o hacemos otra Argentina,

resolviendo el problema de nuestros días, a despecho de intereses transitorios que hoy significarían la arbitrariedad sin término ni futura solución".

El nuevo presidente estaba decidido a cambiar las prácticas políticas que se venían utilizando. La prepotencia política y los matones de comités habían alejado a la ciudadanía

de los comicios.

La libertad de sufragio llevaría al electorado a las urnas. La ley Sáenz Peña inició ese proceso, esa fue la más importante obra de su gobierno y su aporte imperecedero a la

política nacional.

Sáenz Peña quería conocer personalmente el pensamiento del caudillo popular Hipólito Yrigoyen antes de enviar al Parlamento el proyecto de reforma electoral. Los buenos oficios

de un común amigo, el diputado nacional Manuel Paz, hicieron posibles las conversaciones reservadas en su casa. Sáenz Peña expuso sus ideas acerca de los futuros comicios y le

ofreció al radical participar en el gobierno con dos ministros. Hipólito Yrigoyen le contestó: "El Partido Radical no busca ministerios, únicamente pide garantías para votar

libremente en las urnas". Sáenz Peña le explicó cual sería la reforma sobre la base del cambio del padrón electoral y la representación de las minorías. El jefe del Partido

Radical, respondió al término de las reuniones: "El gobierno nos da garantías; dejaremos la abstención y concurriremos a las urnas". El propósito del presidente se había

logrado, ahuyentando el peligro de las conspiraciones y la revolución.

En diciembre de 1910 el Poder Ejecutivo envió un proyecto al Congreso donde se advertía el principio de reformas legislativas que conducirían a la sanción del nuevo sistema

electoral. El proyecto propiciaba la confección de un nuevo empadronamiento que realizarían las Fuerzas Armadas y el Poder Judicial, suprimiendo, por consiguiente, los viejos

registros de electores confeccionados por interesados directos en los resultados del comicio. En 1911 se presentó el proyecto de la que sería en definitiva la Ley Sáenz Peña,

que introducía dos variantes fundamentales en el régimen electoral: la lista incompleta y el sufragio secreto, universal y obligatorio. La lista incompleta consistía en otorgar

a cada elector el derecho de elegir sólo dos tercios del número de cargos a cubrir. Estos cargos serían obtenidos por los candidatos de la lista más votada; el tercio restante,

por los más votados de la lista que obtuviera la segunda cantidad de votos.

El debate en Diputados llevó todo el año 1911 y en diciembre pasó al Senado. El 10 de febrero de 1912 fue promulgada con el número 8.871.

La primera aplicación de la Ley Sáenz Peña tuvo lugar en la provincia de Santa Fe, en elecciones de los poderes Ejecutivo y Legislativo. Esta provincia estaba intervenida y el

interventor era Anacleto Gil, conservador.

Fueron tres las fórmulas que se enfrentaron en Santa Fe el 31 de marzo de 1912: la Coalición Conservadora, con Marcial Candioti y Alberto Paz, la UCR con Manuel Mencheca y

Ricardo Caballero, y la Liga del Sur con Lisandro de la Torre y Cornelio Casablanca. Se llegó al comicio con afluencia multitudinaria de votantes y relativo orden en el acto

comicial.

Eran necesarios 32 electores para consagrar gobernador: la UCR obtuvo 34; con ellos logró la mayoría en la elección de legisladores nacionales. La Liga del Sur ganó la minoría.

El radicalismo demostró que era realmente numeroso y podía triunfar en las elecciones en las distintas zonas del país.

La política internacional siguió la línea tradicional, si bien con firmeza y dignidad, donde su ministro de Relaciones Exteriores, Estanislao Zeballos, claro exponente de un

sector nacionalista de la opinión pública, provocó en alguna oportunidad recelo en los países vecinos. Sáenz Peña expresó claramente sus ideas cuando dijo: "la política

argentina ha sido y será pacífica, porque es una democracia conservadora (...) que si siente respeto inalterable para todas las soberanías, tiene también virtudes defensivas que

conservan las nacionalidades. La República Argentina aspira a mantener su honroso título de democracia pacífica con el alto sentimiento de su soberanía".

Malos manejos en la carrera de armamentos móviles con Brasil, desde aquel país, ponen en peligro la buena relación. Las conversaciones no oficiales de Ramón J. Cárcano,

vicepresidente de la Cámara de Diputados, amigo personal de Roque Sáenz Peña y su deseado candidato a sucederle, con el Barón de Río Branco, detienen esta puja de compra de

barcos de guerra. La amistad argentino-brasileña se fortalece como nunca. Lo mismo ocurre con otros países del continente realizando una obra de paz y confraternidad.

En el campo de la economía y las finanzas, todos los signos del progreso material llegaron al máximo en estos años. El tercer censo nacional, el 1 de junio de 1914, reveló que

la Capital tenía más de un millón y medio de habitantes, la mayoría italianos y españoles. El área cultivada, que en 1895 no llegaba a 5 millones de hectáreas, asciende a

24.891.004. Exporta más de 2.000.000 de toneladas de trigo y aproximadamente 500.000 toneladas de carne. El ganado vacuno llega a 25 millones y el y el ovino a a 43.225.432

cabezas. Los obreros trabajan en 50 mil talleres y la red ferroviaria tiene 33.478 km. El año 1912 marca el récord de entrada de inmigrantes: 379.117.

Apenas puesta en práctica la reforma política con el nuevo sistema electoral, el presidente comenzó a sentir, debido a una aguda diabetes, su decaimiento intelectual y físico.

Varios pedidos de licencia por enfermedad dieron lugar a variadas interpretaciones e intrigas. El 9 de agosto de 1914, a las dos de la mañana, moría Roque Sáenz Peña. La fecha

coincidió con una nueva etapa en el proceso histórico del mundo: la Primera Guerra Mundial que se desarrolló entre 1914 y 1918.

 

HECHOS NOTABLES

En 1910 arribaron al país dos personalidades singulares que, asombradas por Buenos Aires dejarían en sendos libros sus impresiones: Clement Clemenceau, el famoso político

francés, en Notas de viaje por América del Sur, y el poeta y pintor catalán Santiago Rusiñol en Un viaje al Plata.

El 25 de mayo de 1908 se inauguraba el Teatro Colón en una magnífica noche de gala. Con sus 2.487 localidades, cinco filas de palcos y la amplitud del escenario, de 35 metros de

ancho por 35,50 de profundidad, se lo comparaba con la Scala de Milán. Fueron contratados los mejores artistas de Europa: Enrico Caruso y Arturo Toscanini; un abono en el Teatro

establecía una alta jerarquía social.

Llegan también los grandes intérpretes Sarah Bernhardt, Coquelin, Eleonora Duse y María Guerrero.

La sociedad adinerada frecuentaba en verano la rambla y el casino de Mar del Plata.

En la exposición de ganadería de Palermo se cotejan animales de "pedigree", de raza. Manuel Cobo gasta un millón de pesos en una año, para adquirir un semental en Inglaterra.

Ignacio Correas adquiere, a un precio exorbitante, el "Diamond Jubilee", famoso caballo del príncipe de Gales, dando un nuevo impulso a la crianza del "pura sangre", y el

hipódromo de Palermo relega al suburbio la clásica carrera cuadrera y el cuidado del "parejero".

El "corso" se realiza en la Avenidad e las Palmeras (actual Bosque de Palermo) y el desfile por Florida. Llamado por la París de América del Sud, llega a Buenos Aries, Rubén

Darío, quien se encuentra en 1896 con Leopoldo Lugones en el Ateneo fundado en 1893. Años después, en literaria confesión, Darío llegaría a decir: "mi esposa es de mi tierra; mi

querida, es de París" (al referirse a la vida en esta mundana y picaresca capital del Plata).

En el año del centenario, 1910, la gente que no conocía la Argentina empezó a verla a través de una faceta novedosa: el tango. Desde París el tango inició su marcha triunfal por

toda Europa. Es verdad que venciendo resistencias: el Kaiser en Alemania y el emperador austrohúngaro en Viena prohibieron a sus oficiales bailarlo; sin embargo, lo hacían

vestidos de civil. El zar de Rusia dio permiso para que se bailara en la corte de San Petesburgo. En Roma, la Santa congregación de la Disciplina de los Sacramentos se reunió

para decidir si "podía absolverse a los penitentes que eran acusados de bailar el tango" y, conforme a lo dictaminado por ella, el Vaticano, por boca de Pío X, lo consideró un

pecado. La letra de un tango comentaría la decisión: "Dicen que el tango es una gran languidez y que por eso lo prohibió Pío X...".

En 1912, Teodoro Fels y un cabo conscripto cumplían exitosamente la travesía Buenos Aires-Montevideo, conquistando el récord internacional de navegación aérea sobre el agua.

En marzo de 1914, Jorge Newbery lograba en el altímetro de su avión los 6.000 metros de altura, conquistando el récord mundial con esta hazaña. Pocas semanas después de iniciado

agosto de 1914, fecha del fallecimiento de Roque Sáenz Peña, moría Julio Argentino Roca; dos argentinos de un mismo origen político pero en un escenario que desde 1880 había

agotado sus posibilidades de seguir mandando sin una afectiva base popular. Sáenz Peña lo comprendió, la era del gran elector había terminado.

En enero de 1912, una huelga ferroviaria paralizó gran parte de la actividad. El gobierno nacional rompió relaciones con Paraguay con motivo de hechos producidos por la

revolución que allí había estallado y, en el mismo mes de enero, en Rosario, se descubrieron los tenebrosos procedimientos de la "mafia".

En la noche del 14 al 15 de abril tuvo lugar uno de los mayores dramas en la historia de la navegación: estrellándose contra un iceberg se hundía un magnífico trasatlántico

inglés en su primera travesía: el Titanic.

El 30 de marzo de 1913 asumía el primer senador socialista en la Cámara, Enrique del Valle Iberlucea.


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