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El 1 de abril de 1939 la Guerra Civil Española acabó con la victoria del bando nacionalista, liderado por el general Franco, que será jefe de Estado desde 1939 hasta su muerte, en 1975. Tras tres años de guerra, el panorama del país era desolador:
* Muchos españoles o habían muerto en la guerra o se habían exiliado (especialmente a Francia), con lo cual la población había disminuido.
* Las infraestructuras y las ciudades habían sufrido grandes estragos a causa de los bombardeos.
* Existía una gran escasez de víveres que provocó que una buena parte de la población sufriera hambre, pero también faltaban materias primas y bienes de equipo.
* No había reservas de oro ni de divisas.
* La capacidad productiva del país había disminuido mucho.
El estallido de la Segunda Guerra Mundial el 1 de septiembre de 1939 determinó que aún fueran mayores las dificultades para procurarse los suministros indispensables y las posibilidades de transporte marítimo quedaron seriamente limitados, con lo que toda labor de reconstrucción económica quedó aplazada.
Como respuesta a toda esta situación, el gobierno implantó una política de autarquía, ya que la comunidad internacional había aislado a España económicamente (salvo la Argentina de Perón, que proveyó de carne bovina). Esto consiste en la búsqueda de la autosuficiencia económica con la intervención del Estado en la misma. El gobierno impuso una extensa sistema de controles estrictos e intervino en muchos aspectos de la vida económica del país. Entre los elementos sujetos a regulación figuraban los precios, el comercio exterior, las inversiones y la distribución de materias primas.
Los resultados obtenidos no fueron los esperados, sufriendo España en estos años un hundimiento de la producción agrícola e industrial, con una gran importancia del contrabando o estraperlo y la corrupción.
El final de la guerra en 1945, no supuso una mejora de la situación de los problemas económicos de España. Los demás países europeos estaban tratando de resolver sus propios problemas y la escasez de alimentos y materias primas estaba extendido a toda Europa. España fue excluida por los Estados Unidos en el plan Marshall para la recuperación de Europa y esto no hizo más que acentuar la crisis y el aislamiento de la economía española.
El crecimiento económico en la década de los cuarenta fue muy lento y estuvo acompañado de una inflación alta. En 1950 la economía todavía no había recuperado el nivel de producción de 1935.
Años cincuenta
Hacia los años 50, la situación económica española empezó a mejorar debido al cambio de las políticas económicas, un ejemplo del cambio fue la liberalización parcial de los precios y del comercio[1] . Algunos síntomas de esta mejora fueron el fin del racionamiento de la comida en 1952[1] y el hecho que en 1954 la renta media superase a la de 1935 (es decir, por fin la renta por habitante era superior a la del inicio de la guerra, 20 años antes)
Desde 1951, los Estados Unidos de América en gran parte por intereses estratégicos, apoyaron económicamente a España debido a la Guerra Fría, pues el régimen de Franco, que anteriormente había sido visto como aliado del fascismo, era ahora visto como un aliado contra el comunismo. Sin embargo, esta ayuda no era gratuita, Estados Unidos recibía a cambio privilegios militares en territorio español. Recordemos que mientras que el Plan Marshall con ingentes recursos financieros ayudó a levantar la industria de las naciones occidentales tras la Segunda Guerra Mundial tales como Gran Bretaña, Francia, Alemania y Japón, en el caso de España se limitó sólo al ocasional envio de leche en polvo y queso enlatado. Al incrementarse la adquisición de suministros se produjo una expansión más rápida, al principio sin inflación, pero más adelante los precios comenzaron a subir y las reservas de divisas a disminuir. Esta situación llevó a Franco a crear un gobierno de tecnócratas a partir de 1957[1] , que elaboraron una nueva política económica en 1959
En 1959 el nuevo gobierno elaboró el Plan de Estabilización[1] , que se marcaba como objetivo la estabilidad económica, el equilibrio de la balanza de pagos y el robustecimiento de la moneda, el plan supuso por una parte liberalización de la economía y por otra parte austeridad, recortar el gasto público, disminuir el grado de intervención del Estado en la economía y abrir la economía a las empresas e inversores internacionales. El plan tuvo un éxito inmediato para contener la inflación y rehacer las reservas de divisas , en contra el crecimiento se frenó desde 1958 hasta 1960, mientras se operaba el reajuste.
Con estos antecedentes el Gobierno español decidió elaborar un programa de desarrollo. Todas estas medidas tomadas provocaron una larga etapa de expansión económica que duró hasta la crisis del petróleo de 1973.
En estos años, la industria ganó importancia en España, así como el sector terciario (un ejemplo es el turismo), provocado por este desarrollo industrial, los ciudadanos de las zonas rurales emigraron a las ciudades (principalmente hacia Madrid, Barcelona y Bilbao), creando suburbios dónde las condiciones de vida eran muy precarias. Esto causó una gran diferencia entre las regiones españolas[2] , pues las más industrializadas, caso de País Vasco, Comunidad de Madrid y Cataluña, estaban mucho más desarrolladas que otras donde este proceso había sido prácticamente irrelevante y continuaban con una estructura económica basada en el sector primario, como fue el caso de Extremadura.
1973 – 1986 : Crisis y cambios profundos
En 1973, todo el mundo occidental entró en una gran crisis económica llamada Crisis del Petróleo provocada por la negativa de los países productores a vender petróleo a los aliados de Israel en la guerra del Yom Kippur (Estados Unidos y sus aliados europeos).
A la crisis económica internacional, hay que añadir la crisis política tras la muerte de Francisco Franco en 1975, cuando Juan Carlos I fue coronado Rey de España. Éste nombró a Adolfo Suárez como presidente del Gobierno y con todos los partidos políticos se elaboró la Constitución de 1978, que introducía un sistema de monarquía parlamentaria.
A principios de 1977 los datos de la economía española mostraban sin lugar a dudas que se encontraba en un situación de depresión, caracterizada por un estancamiento de la actividad productiva, (crecimiento del PIB en 1976 1,5%), aumento del paro (más de 800.000 parados) y fuertes niveles de inflación (20%).
Dentro de esta coyuntura se firmaron los Pactos de la Moncloa, suscritos por el gobierno, partidos políticos, sindicatos y asociaciones empresariales, que supusieron un control de las disponibilidades líquidas, una devaluación de la peseta y el control de los salarios. Los resultados no fueron del todo satisfactorios.
Desde 1982 con la entrada del gobierno socialista se llevó a cabo una política económica marcada por el control de la inflación y la moderación salarial.
La consolidación del proceso democrático facilitaron un proceso de acercamiento a Europa, que acabaría en 1986 cuando España ingresó en la Comunidad Económica Europea bajo la presidencia de Felipe González.
1986 – actualidad : Dentro de Europa
La entrada de España en la Comunidad Económica Europea (CEE) predecesora de la UE, el 1 de enero de 1986 fortaleció en definitiva el impulso económico iniciado. La entrada requirió que el país abriera su economía, con un fuerte incremento de la inversión extranjera en España y un impulso modernizador de la empresa española con la competencia exterior. También se produjo un incremento de las inversiones públicas en infraestructuras entre las que se encontraban las relativas a los fastos del 92, Olimpiadas de Barcelona y Exposición Universal de Sevilla. Se produjo un tirón del consumo motivado por un efecto enriquecimiento provocado por la subida de la Bolsa y del valor de los inmuebles. Con esto, España aceleró el crecimiento de su PIB, redujo la deuda pública, redujo la tasa de desempleo del 23% al 15% en 3 años y redujo la inflación por debajo del 3%. Los retos más importantes para la economía española incluyen la reducción del déficit público, una mayor reducción de la tasa de desempleo, la reforma de las leyes laborales, la reducción de la inflación, aumento del rendimiento y la productividad y el aumento del PIB per cápita.
Después del gran crecimiento experimentado a finales de los años 1980, la economía española entró en recesión a mediados de 1992. Desde 1992 la política económica estuvo marcada por los Acuerdo de Maastricht dirigidos a la instauración del euro como moneda común de la Unión Europea. Las medidas que suponían el control de la inflación y del déficit público.
La economía se recuperó a partir de 1995, conducida por un aumento de la confianza de los consumidores y un aumento del consumo privado, aunque este crecimiento ha sido menor en los últimos años. El paro sigue siendo un problema para los españoles (en 2005 la tasa de desempleo fue del 8,5%), pero aun así esto es una mejora con respecto a niveles anteriores. La devaluación de la peseta a lo largo de los años 1990 hizo más competitivas las exportaciones, pero la fuerza del euro desde su adopción (a principios de 2008, un euro se ha llegado a cambiar por 1,50 dólares estadounidenses) plantea dudas sobre si los precios de las exportaciones son demasiado altos para los compradores extranjeros. Sin embargo, esto se ha visto compensado por la facilidad del comercio entre los países de la zona euro y las nuevas relaciones de España con Iberoamérica y Asia.