A Segovia le llaman el navío de Piedra, y de ese material estuve a punto de quedarme por el frío que me golpeó cuando bajé del coche.
Había salido de Madrid una hora antes con una temperatura de 17°, y en Segovia estaba cerca de cero, y yo en camisa.
Su cercanía a la sierra de Guadarrama, sólo 12 kilómetros, y los 1000 metros de altitud hacen de Segovia un lugar frío, muy frío, y con un
invierno especialmente largo. Lo de Navío de Piedra viene porque el perfil de Segovia, con el Alcázar como proa sobre la roca en la que está
construida, y las agujas de la catedral, como mástil, forman la silueta de un buque.
El canal de puedra del acueducto
Tiene un casco histórico bien preservado, y la estrella es su acueducto romano, uno de los más imponentes del imperio, con una altura de
hasta 29 metros, que transportaba el agua desde 15 kilómetros, y en cuya construcción sólo se usó granito, sin argamasa ni mortero, así que
las piedras se mantenían, y se siguen manteniendo, unidas por simple contraposición de fuerzas, sin ordenadores, cálculo de estructuras ni
materiales como el hormigón o el acero.
El tráfico rodado ya no pasa por debajo de sus arcos, pero hacer una buena fotografía sigue siendo difícil, porque siempre hay un vehículo
parado o aparcado que estropea la imagen bimilenaria del acueducto.
Después de tomarme un café para entrar en calor en el histórico mesón de Cándido, comencé mi recorrido por la calle Cervantes, donde se
encuentra la famosa casa de los Picos, del s. XV, con una fachada adornada de puntas de granito. Actualmente alberga la Escuela de Artes
Aplicadas y Oficios Artísticos.
La Casa de Picos
Lo que no es muy recomendable es visitar Segovia en lunes, ya que me quedé también de piedra cuando me enteré de que bastantes monumentos
cerraban los lunes, como el Museo Provincial, la casa-museo de Antonio Machado y varias iglesias y monasterios.
Es algo habitual en España, pero no deja de sorprenderme, como si fuera tan complicado hacer turnos rotarios.
Todos tenemos nuestras fobias, y una particular mía es todo lo que huela a militar.
Parafraseando a Paco Ibáñez, cuando cantaba lo de “a mí la música militar nunca me pudo levantar”, yo me siento muy incómodo en los lugares,
sean del signo que sean, donde se glosan las glorias militares de turno y se rememoran las gestas heroicas de los que ofrecieron su vida por
la Patria.
La Catedral
Donde unos ven brillantes victorias militares, exaltación de la Patria y la Bandera, yo sólo veo odio, dolor, muerte y destrucción, y los
siento tan cercanos en el tiempo y en el espacio como los que vemos en las noticias todos los días.
Así que cuando me iba acercando al imponente edificio del Alcázar, cortado a pico sobre la confluencia de los ríos Eresma y Clamores, se me
puso la piel de gallina, un profundo desasosiego me invadió el cuerpo y decidí visitarlo sólo por fuera.
Las murallas de la ciudad, de unos 3.000 metros de longitud, nacen y terminan en el Alcázar; originalmente tenían 5 puertas, de las que se
conservan 3, las de Santiago, San Cebrián, y San Andrés.
De regreso, pasé por los antiguos barrios de la Judería y de los Caballeros, con edificios de gran valor, como la Casa de las Cadenas, e
iglesias de estilos variados, románicas, barrocas y góticas.
También se encuentra la casa-museo de Antonio Machado, que tantos poemas compuso pensando en estas frías llanuras manchegas.
La catedral es un ejemplo de gótico tardío, y aunque no pude entrar por ser lunes, su visión exterior es imponente, con la torre de casi 100
metros y su ábside coronado por múltiples pináculos e impresionantes contrafuerte.
Torre mudéjar
Se construyó en el x. XVI con elementos de la antigua Catedral Vieja, que se situaba frente al Alcázar, y que fue incendiada durante la
Guerra de las Comunidades.
Hay un paseo panorámico de la ciudad que nos permite una extraordinarias vistas de la misma, situado extramuros, que recorre interesantes
edificaciones como el monasterio de Santa Cruz la Real, el monasterio de El Parral, de 1447 y todavía no terminado, la Casa de la Moneda,
obra de Juan de Herrera, y la iglesia de la Vera Cruz, muy original porque su planta es un dodecaedro (12 lados).
Terminando el paseo se encuentra el convento de los Padres Carmelitas Descalzos, con el sepulcro de San Juan de la Cruz.
Un poco más allá esta el Santuario de la Fuencisla, patrona de la ciudad. Tengo que reconocer que estaba tan aterido que me salté esta parte
del recorrido y me fui a tomar otro café para entrar en calor.