Los datos más antiguos que hacen referencia a asentamientos en el territorio de la actual Tarragona se remontan a la época de los siglos V al
III a.de C., durante los cuales existe constancia de un poblado íbero en las elevaciones junto a la costa y en la ribera del río Francolí.
Algunos historiadores afirman que se trataba de la Cesse citada en fuentes clásicas. En el transcurso de la II Guerra Púnica, los romanos
establecen un puesto estratégico en las cercanías del citado poblado ibérico, hecho que se considera como la primera fundación de la Tarraco
romana. En el 45 a.de C, Julio César le concedería el título de Colonia de Derecho Romano. En los años 27 a 24 a.C. está probada la presencia
de Augusto en Tarraco participando en diversas campañas en Hispania. Más tarde, Tarraco se convertiría en la capital de la provincia
Tarraconense, la más extensa de la Península. La ciudad romana llegaría a su máximo esplendor en los siglos I y II, y comenzaría su declive
en el siglo III, coincidiendo con las incursiones de los pueblos germánicos. Su decadencia continúa durante el período visigodo y durante la
dominación musulmana, y no será hasta la conquista cristiana del siglo XII, cuando la ciudad volverá a resurgir. De los tiempos de esplendor
de la época romana se han conservado numerosos monumentos, otros han sido rescatados por las labores arqueológicas. En la actualidad, entre
otros, son visitables las antiguas murallas, el circo, el anfiteatro, el teatro y la necrópolis paleocristiana.