Es Aranjuez un lugar insólito en su situación geográfica: ya por su propia morfología original, geología, hidrología, vegetación y fauna
potenciales: ya por sus suelos extremadamente fértiles en la confluencia de dos ríos de regímenes naturales muy variables, un valle que era
frecuentemente inundado y pantanoso que formaba una cuña que se adentra en el páramo manchego. Es éste un sitio que evoca sorprendentemente
otras latitudes, escondido entre las mesas de Ocaña y Seseña. Se trata de un vergel que aparece en la vega de los ríos y que contrasta
notablemente con la aridez de los alrededores conteniendo interesantes endemismos inmersos en una diversidad botánica y faunística cuyo valor
siempre fue reconocido por la comunidad científica.
Numerosas e interesantes obras e ingenios hidráulicos, con antecedentes romanos, visigodos y árabes, alcanzaron gran perfeccionamiento en el
siglo XVI y conservan en buena medida su utilidad, domeñando las aguas y encauzándolas para la irrigación de huertas, paseos y extensos
jardines. El paisaje agrícola funde huertas y jardines. La aplicación de complejas artes de riego en un suelo de extraordinaria calidad
permite unos cultivos de primor que surtieron la despensa de los reyes y alcanzaron un prestigio indiscutible. Actualmente asistimos a la
recuperación de una producción hortícola que se encontraba en un cierto declive. Cultivos experimentales habían sido promovidos por el poder
político en estas tierras a lo largo de casi cinco siglos. Se importaron técnicas y medios humanos de lejanas procedencias con la intención
de lograr una agricultura ideal. La producción agropecuaria no se limitaba a la horticultura, sino que participaba de una manera fundamental
en la cría y el desarrollo de las razas equina y vacuna españolas.
De mediados del siglo XVI procede un primer intento, de resultados asombrosos, de ordenación del territorio mediante trazados geométricos que
abren caminos y paseos entre bosques, jardines y cultivos, implantando un modelo canónico que procede de la tratadística grecorromana y
renacentista y que resultaron sorprendente y admirablemente conservados, reconocidos y ampliados por sucesivas generaciones y dinastías a lo
largo de más de cuatro siglos.
A partir de aquellas trazas geométricas y radiales, se generara otra trama reticular y ortogonal hacia el sur, que es compendio de los logros
del uso de la perspectiva y la proporción, logrando una organización racional del espacio para el crecimiento, súbito y planeado, de la
ciudad barroca e ilustrada, perfectamente integrada en el territorio.
En estas tierras fecundas y bien administradas y ordenadas se llevaba a cabo una intensa actividad científica y botánica. Aranjuez se
convirtió en gran centro de aclimatacion de especies exóticas procedentes de los confines de un imperio en el que "no se ponía el sol". Se
conserva aquí probablemente la más importante colección de árboles cultivados procedentes de América y parte de Asia, alcanzando numerosos
ejemplares una talla y un valor incluso superiores a lo que puede ser normal en el estado natural de sus lugares de origen.
En este Real Sitio se congregaba a genios y maestros de todas las artes y las ciencias. Su actividad es patente en la obra de arquitectos,
ingenieros, jardineros, pintores, escultores, poetas y músicos.
Es el de Aranjuez un paisaje donde, en definitiva, la sistemática intervención del hombre sobre la naturaleza, a lo largo de los siglos, no
sólo no ha entrañado su destrucción sino que ha supuesto la conservación y enriquecimiento del medio natural, añadiendo a su diversidad y
abundancia originales los más sutiles productos del ingenio y la imaginación artística.