Sinaloa es un Estado federado de México, situado al noroeste del país, en la costa del Golfo de California. Limita al norte con Sonora, al
este con Chihuahua y Durango (separado de ellos por la Sierra Madre Occidental) y al sur con Nayarit. Es el estado más poblado de la región
noroeste de México. Su capital es Culiacán con aprox. 800,000 habitantes. Le siguen en importancia y tamaño Mazatlán— importante destino
turístico— Los Mochis y Guasave— centro agrícola—.
Sinaloa es el estado agrícola de México; adicionalmente, cuenta con una de las más grandes flotas de pesca del país. Culturalmente, es
conocida por su música típica, la Banda o Tambora; la hulama, versión regional de juego de pelota prehispánico, se practica todavía en el
estado. Sinaloa está ubicada en una región naturalmente fértil, cuenta con 11 ríos y 11 presas. Cuenta con 656 kilómetros del litoral
pertenecientes en su mayoría al Golfo de California y el resto al Océano Pacífico. Además de tener 12 bahías y 15 esteros. Sinaloa se divide
en 18 municipios (citados de Norte a Sur): Choix, El Fuerte, Ahome, Guasave, Sinaloa, Mocorito, Angostura, Salvador Alvarado, Badiraguato,
Culiacán, Navolato, Cosalá, Elota, San Ignacio, Mazatlán, Concordia, Rosario y Escuinapa.
Antes de la llegada de los colonizadores, el territorio que hoy conocemos como Sinaloa estuvo poblado por un número considerable de pueblos
que tuvieron diferenciación lingüística pero con ciertas unidades dialectales comunes. La división indígena del territorio persistió al
momento de la invasión y a la conquista y así dio origen a tres provincias que se llamaron; Chiametlán, Culiacán y Sinaloa. La vida cotidiana
y productiva se desarrolló en las márgenes de los ríos, los cuales fueron su hábitat principal. A través del río, y del mar a la sierra, se
gozaba y sufría la naturaleza sinaloense compuesta de inmensas aguas que fluyen en corto trecho hacia un mar de abundantes especies. Los
habitantes de las tres zonas ya enunciadas fabricaban cerámica de uso ceremonial, enterraban a sus muertos en posición fetal en ollas de
terracota, practicaban la hulama—versión del juego de pelota específica a esta región—, recolectaban miel y frutas silvestres, tejieron
mantas, fabricaban pipas de barro, sellos para decorar paredes y telas, cazaban el venado, esculpían petroglifos— aquí se encuentran los más
numerosos yacimientos petroglíficos de México—; signos abstractos grabados en piedra.
El habitante prehispánico estaba sujeto en forma determinante a las condiciones ecológicas de su territorio, adaptadas a su medio, no
construyeron ciudades como en el altiplano de la zona central de lo que hoy es México. Sus moradas fueron endebles pues conocían las grandes
avenidas de los ríos, por lo que podían cambiar de lugar según fueran las condiciones naturales. En lo que hoy es el estado habitaron
diversas tribus indígenas entre las que sobresalen Cahítas, Totorames, Pacaxees, Acaxees, Xiximes, entre otros. Con la entrada de Nuño
Beltrán de Guzmán, empezó el cambio fundamental que trastocó la vida indígena, apareció otra forma de vivir y de relacionarse con la
naturaleza; la agricultura adquirió otro sentido y junto a la ganadería, como actividades que tienen por objeto la gran producción, se
propició el desarrollo de la minería.
Se establecieron otras relaciones de poder y muchos de los pobladores nativos vieron devaluada su humanidad; se impusieron los servicios
personales que muchas veces propiciaron relaciones de esclavitud; se introdujo otra relación con lo desconocido y de varios dioses se pasó a
uno principal. Se persiguió y exterminó a los dirigentes indígenas, acusándolos de hechiceros. Se consolidó la monogamia como forma familiar
y el tributo tuvo como destinatarios a personas que vivían fuera de territorio sinaloense. Se impuso la imagen de un rey al que no se
conocía, se empleó la violencia militar para formar pueblos que, en no pocas ocasiones, fueron destruidos, todo ello acompañado por la labor
evangélica de las órdenes religiosas, especialmente de los Franciscanos y los Jesuitas.
La Revolución y la Independencia, marcaron con su impacto a la sociedad sinaloense; dos enfrentamientos militares, en Rosario y San Ignacio
dieron un lugar en tales acontecimientos al estado de Sinaloa.
En el período del Porfiriato se consolidaron importantes espacios productivos en el estado. Nuevos patrones de producción y de consumo, la
aparición de otros cultivos y el paso de la hegemonía de los metales preciosos a los estratégicos (acero, plomo, cobre, zinc) trastocaron las
relaciones económicas y sociales en el Estado. La hacienda agrícola y las minas de oro y plata perdieron influencia. La crisis que se produjo
por esta transformación productiva desequilibró las fuerzas regionales y otros grupos de poder económico manifestaron su presencia. Uno de
los méritos de la revolución fue haber derrotado políticamente a los cuadros del Porfiriato y después incorporarlos en las nuevas relaciones
económicas que se estaban gestando. En este proceso Sinaloa participó con la institucionalización de la Revolución, al asignársele de manera
preferente la producción de alimentos que el país requería.
Desde antes que estallara la Guerra de Independencia en el año de 1810, Sonora y Sinaloa formaban parte del Estado de Occidente. En el año de
1823, según decreto expedido por el Primer Congreso Constituyente Mexicano, la provincia de Sinaloa quedó separada de la de Sonora.
Una vez disuelto el Estado de Occidente, los Estados Libres y Soberanos de Sonora y Sinaloa procedieron a designar e instalar sus respectivas
legislaturas, cuya misión fundamental fue dotar a cada entidad de las leyes necesarias para conducir sus destinos por el camino del derecho y
la paz social. No obstante, en esta disolución Sinaloa perdió parte de su territorio ubicado en el norte, tierras de los Mayos
principalmente, las cuales pasaron a formar parte del territorio de Sonora.
El 12 de diciembre de 1831 se promulgó la primera Constitución Política del Estado de Sinaloa, cuyo artículo 31 disponía la división
territorial comprendida por los distritos de El Rosario, Concordia, Villa de la Unión, San Ignacio, Cosalá, Culiacán, Badiraguato, Mocorito,
Sinaloa, El Fuerte y Choix.
Según el último censo oficial que dividía "racialmente" (así se decía en ese entonces; ahora se habla ya no de "razas", sino de "etnias") la
población del país (1921), el estado estaba habitado por un 10.77% blanco, un 88.3% mestizo, y un 0.93% indígena.[cita requerida] Esta
clasificación estaba basada en los fenotipos de las personas, y carece de validez para describir a la población actual, puesto que en el
estado los censos dejaron de realizarse desde la década de 1920.