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En 1939, el gobierno soviético anunció unas especificaciones para un nuevo caza. Sorprendentemente, el mejor de los cuatro prototipos que compitieron fue el del joven Alexander S.Yakovlev, que previamente sólo había diseñado planeadores y aparatos deportivos. Su Ya-26 le llevó a la fama y en junio de 1941 fue autorizado a entrar en producción como principal caza soviético. En esta época la designación fue cambiada de I-26 a Yak-1 en conformidad con la nueva política de designaciones por oficinas de diseño más que por su función. En ese mismo mes, las fuerzas alemanas invadieron la Unión Soviética por el oeste y toda la línea de montaje tuvo que desplazarse unos 1.600 km hacia el este, hacia Karmensk-Uralsk. A pesar de ello, hubo un retraso de sólo seis semanas y unos 500 Yak-1 estaban ya en combate a finales de 1941. Con un ala de madera y un fuselaje de tubos de acero, era una máquina sólida y de fácil mantenimiento, con una excelente gobernabilidad. A su vez, se fabricó paralelamente el entrenador UTI-26, con asientos en tándem, que entró en producción como el Yak-7V. A finales de 1941, éste fue modificado con una nueva parte superior trasera del fuselaje para mejorar la visión y esto llevó al caza Yak-7B, que a comienzos de 1942 suplantó al Yak- 1 en las líneas de producción. Este fue el comienzo del segundo programa más grande de la producción aeronáutica mundial, que hacia 1945 había generado unos 37.000 cazas.